Un buen jamón es una joya, pero su verdadero potencial solo aparece cuando alguien lo corta como se merece. Ahí entro yo. Cuando me llamáis para vuestro evento no os llevo solo lonchas perfectas: os llevo un espectáculo, un momento que vuestros invitados van a recordar mucho después de que se acabe la pieza. Dejad que os cuente por qué un buen corte lo cambia todo.
Cortar jamón no es una cuestión de estética, es una cuestión de placer. El corte decide el sabor que llega a vuestra boca, la textura, el aroma que se levanta del plato. Un corte bien hecho saca todo lo que la pieza lleva dentro. Uno malo arruina hasta el mejor jamón del mundo, y os aseguro que he visto piezas magníficas destrozadas por unas manos sin oficio.
Un corte bien hecho también cuida la pieza durante todo el evento: nada se oxida, nada se desperdicia, y el jamón llega igual de bueno al primer invitado que al último.
No voy a vuestra fiesta a cortar y marcharme. Voy a montaros un momento. Esto es lo que entra conmigo por la puerta:
Sé de dónde viene, cómo se ha curado y cómo sacarle hasta el último matiz. Y si vuestros invitados preguntan, se lo cuento de forma que se queden con ganas de más. El jamón también se disfruta sabiéndolo.
Hay algo hipnótico en ver cortar bien. La destreza, el ritmo, la elegancia del cuchillo. La gente deja la copa, se acerca y mira. Eso es lo que convierte una mesa en el centro de la fiesta.
Cada plato sale listo para enamorar. Porque comer empieza por los ojos, y yo quiero que se os haga la boca agua antes de probar el primer bocado.
Si todavía lo estáis pensando, dejadme ser clara:
Llevo un punto de lujo y descaro a cualquier ocasión, desde una boda hasta una cena de empresa. Donde estoy yo, hay fiesta.
Hablo con vuestros invitados, les cuento, me adapto a lo que les gusta. No soy un servicio, soy parte de la celebración.
Cuido la pieza al milímetro: nada se tira, cada porción sale perfecta. Pagáis por un jamón y os lo disfrutáis entero.
Del sonido del cuchillo al aroma del jamón recién cortado, convierto ese rato en algo que se vive con todo el cuerpo, no solo con el paladar.
Una estación de corte en la bienvenida o durante el banquete, y vuestros invitados no van a hablar de otra cosa.
Reuniones, ferias, presentaciones. Un detalle gourmet que pone vuestra marca en boca de todos, literalmente.
Cumpleaños, aniversarios o cualquier excusa para celebrar. Si queréis dejar huella, ya sabéis dónde encontrarme.
No todos los que cogen un cuchillo saben lo que hacen. Antes de reservar a nadie, mirad esto:
Y ahora que ya lo sabéis todo, solo queda una cosa por hacer. Que empiece la fiesta.